* Ricardo Alfieri

 

Yo le dije al médico ‘¿para qué me deja vivir?’, y el me respondió: ‘vos le tenés que devolver la vida a tu vieja.’

 

Esta es la breve narrativa detrás de la historia que rodea a una de las fotos míticas relacionadas con el fútbol mundial. Cuenta la leyenda que tras la victoria argentina en la finalísima, la alegría estalló en las gradas del Estadio Monumental de River Plate. La gente mostraba su felicidad por la victoria conseguida. En ese momento los espectadores en las tribunas no pensaban en el contexto político del país, ni en la represión de los militares, ni en las desapariciones. En ese momento todos los argentinos estaban unidos en la felicidad, que en esta ocasión llegaba a través del fútbol. Ese era el objetivo de la Junta Militar de Gobierno de la Argentina.

 

Entre los fotógrafos que inmortalizaron la alegría de los jugadores en la cancha estaba Ricardo Osvaldo Alfieri, que trabajaba para la hoy casi-desaparecida y legendaria revista El Gráfico. Así, de repente, el flash de su cámara se dispara y capta una imagen que, él no lo sabe en ese momento, pasará a la historia. Un hombre sin brazos corre hacia el portero Ubaldo Fillol y el defensa Alberto Tarantini que están de rodillas y abrazados. Evidentemente no los puede abrazar, pero esa escena, por sí misma, representaba el abrazo de todo un pueblo con su selección y con el alma colectiva de una nación. Un abrazo sin extremidades pues no era ni simbolizaba un abrazo físico. Era un abrazo emocional. 

 

Tiempo después al comentar el contexto en que se había dado la foto Víctor Nicolás Dell’Aquila, el hincha retratado en ella, explicaba que ‘terminó el partido y salí corriendo a buscar a Tarantini. Cuando lo encuentro lo veo cerca de Fillol, los vi a los dos abrazados y compartí ese momento histórico. Nos abrazamos los tres.’

 

El autor de la fotografía el recordado Ricardo Alfieri (padre) se la obsequió personalmente. ‘Con todo cariño le dedico a Víctor mi mejor foto del Mundial 78. Ricardo Alfieri,’ dice la dedicatoria. El fotógrafo en ese tiempo sabía que tenía una imagen histórica, posiblemente la más recordada de la consagración argentina en la copa del Mundo 1978. Por eso se dice que buscó a Víctor hasta finalmente encontrarlo en su casa de Solano, luego de rastrearlo entre los asiduos concurrentes a la Bombonera, donde Víctor, colgado de los paravalanchas, pasaba los domingos de fútbol.

 

Víctor sufrió la amputación de sus dos brazos cuando tenía 12 años de edad luego de un accidente en el que pudo morir electrocutado. Su presencia inmortalizada en esa foto lo convirtió en un hincha especial, aunque él ha dicho que no lo siente así y que no obtuvo beneficios especiales por ser reconocido por la gente. ‘Tuve la suerte de vivir ese momento histórico, pero yo estaba festejando un Mundial, nada más. Cuando festejé sólo le di valor al triunfo, no fui mucho más allá.’

 

 

Por: Raúl Vergara @RaulVB

 

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