* Tú juegas para rebelarte contra la idea de perder.

 

Extraño (para algunos) y sensacional para muchos, un iconoclasta y una fuerza de la naturaleza imparable como un tornado, eso fue Eric Cantona. El futbolista filósofo nace en Francia pero es un ciudadano del mundo que no fue profeta en su tierra y tuvo que o quiso irse a Inglaterra para triunfar en el Manchester United. Personaje peculiar y extraordinario cuyos abuelos lucharon en la Guerra Civil Española por el bando republicano, exudaba por todos los poros el orgullo de pertenecer a la tradicional “gran Francia” pero que consideraba a Inglaterra como su verdadero hogar.

 

Eric Cantona es un tipo excéntrico que alguna vez dijo  "las gaviotas siguen al barco porque saben que van a caer al agua las sardinas" al referirse a los medios de prensa y su incesante caza de la frivolidad y el sensacionalismo que rodea la vida de las “celebridades” y los jugadores de fútbol. No es accidental que el centrocampista galo se haya retirado en plenitud de su carrera, apenas con treinta años, después de conquistar con el mítico Manchester United cinco Ligas de seis jugadas, coronando esa etapa con una Copa de Europa. Sencillamente estaba cansado. La sanción de nueve meses que le impuso el Comité de Competición de Inglaterra por dar una patada estilo karate a un espectador que le insultó en un partido jugado en el estadio del Crystal Palace le hizo perder las ganas de seguir perteneciendo. Una vez cumplido el castigo Cantona regresó a los campos de juego pero el apetito ya no estaba presente.

 

Eric Cantona no sólo fue un futbolista filósofo, sino también un actor profesional y de los buenos. Sus actuaciones tuvieron como escenario el césped de los estadios del mundo. Se recuerda y hoy se entiende la forma en que, cuando metía un gol, abría los brazos mirando directamente hacia las gradas esperando recibir la aclamación de “su” público. Duro entre los duros, distante e histriónico una vez el propio Sir Alex Ferguson explicaba “tengo suerte si se digna a dirigirme la palabra" y Cantona en el vestuario era admirado por sus pares pero no popular, porque no bebía cerveza en cantidades industriales ni iba a clubes nocturnos y discotecas con sus compañeros de equipo.

 

Pues Eric Cantona es la antítesis del futbolista en general que conocemos por medio de la prensa, es un hombre educado y curioso que escribe poesía, lee los trabajos de Søren Kierkegaard, produce documentales, pinta, toca la trompeta y a veces es actor. Un hombre y jugador que ante todo buscaba y lo sigue haciendo ya retirado, el afrontar directamente su existencia y el mundo a su manera, tratando de dejar huella y modificarlo positivamente aunque a veces todo pueda parecerle un esfuerzo en vano.

 

 

Por: Raúl Vergara @RaulVB