* 'En esto del fútbol no llegarás muy lejos. Mejor dedícate a otra cosa.'

 

Gerd Müller: ‘El Bombardero de la Nación’
 

Esa es la frase se dice uno de los tantos ‘genios’ del fútbol utilizó con el joven Gerd Müller cuando el chico trataba de abrirse camino en el mundo de los profesionales. Es que el chaval no tenía el biotipo del jugador atacante central según los cánones tradicionales. Piernas cortas, un tronco rechoncho y no ser lo suficientemente alto le iban en contra. Trabajaba en la cadena de distribución de una empresa textil pero en algún momento decide perseguir sus sueños y así empezó su carrera en un club juvenil de su ciudad natal, el TSV 1861 Nördlingen donde encontró un entrenador conservador y tradicionalista que aparentemente harto de verle, a los diecisiete años le llamó en su oficina y pronunció el ya mencionado discurso y le ha sugerido dedicarse a otras ocupaciones.

 

Como suele ocurrir casi siempre apenas dos años más tarde, en 1964, Gerd Müller, aquel chico al que no se le había dejado crecer en las divisions juveniles del equipo de su pueblo, recalaba en el Bayern de Munich, un conjunto en ese entonces modesto del campeonato regional del sur de Alemania. Allí aprendió, compartió secretos y códigos de vestuario con un tal Franz Beckenbauer, que acababa de aterrizar en Baviera. Con Franz siendo la figura del elenco y en boca de todos, Müller aprendía a recibir el abuso de su entrenador y a sufrir en silencio. Tschik Cajkovski, su técnico, justificaba la eternal suplencia de Gerd comentando, ‘no puedo colocar a un pequeño elefante entre purasangres’  y argumentando que aquel ‘molinero gordito’ no daba la talla.

 

Aquel chico bajito de Nördlingen había dedicado todos a sus esfuerzos a emular los logros de jugadores legendarios que jugaron antes de su tiempo y había probado todo, a correr la banda, a disparar desde fuera del área, a ensayar desmarques, a regatear, a tirar una pared. Pero nada resultaba hasta que en 1965, los atacantes del Bayern caen uno tras otro afectados por una plaga de lesiones y Müller es ubicado como hombre punta. Fue allí, en ese instante, antes de salir al campo, cuando Gerd Müller, aquel muchacho que se había dejado las manos en la industria textil dejó de jugar imitando a otros para patentar su particular estilo. Letal al acelerar en espacios cortos y un tremendo cabeceador ya que pudo entender que por altura no iba a ganarle a defensas corpulentos y simplemente se ubicaba mejor que ellos y atacaba el balón en el momento adecuado, con inteligencia, Gerd era un tierno corderito fuera del área, pero se convertía en un depredador mortal dentro de ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un felino un tanto pasado de peso que arrancaba goles a mordiscos. Fue entonces cuando el gran público descubrió que debajo de esas piernas cortas estaba escondido un goleador fenomenal, pues nadie marcaba más ni mejor que él. Cualquier balón huérfano de dueño en el área rival era suyo. Cazaba toda pelota sin aparente dirección. Convertía las más inocentes ocasiones en goles. Tantos grises, trabados, feos, de área pequeña, afortunados, casi al caerse, en fin, la belleza no era el atributo perseguido. Esa fama de implacable castigador del área sirvió para que la prensa le colocara un nombre de batalla que le calzaba plenamente: ‘El Torpedo’.

 

Gerd Müller castigó a tantos porteros en los campos de Baviera y Alemania que su leyenda vive hoy. Alguna vez explicó que ‘disparaba a puerta, no al portero’  ilustrando que de cara al marco su mente se concentraba en que el esférico tocase la red, ignorando la presencia física del portero que trataba de evitar el gol. Durante una década, Müller no practicó la compasión ante la puerta rival, barrió el área pequeña durante años y se convirtió en el ‘panzer’, en el ‘acorazado de bolsillo’ más cruel de la historia del fútbol alemán. Junto a sus célebres compañeros de generación, Sepp Maier, Franz Beckenbauer y Paul Breitner, Müller fue clave en los triunfos del Bayern primero y de la selección alemana después. Lo consiguió a base de goles. 

 

Marcó más de 600 goles, 365 tantos en la Bundesliga, récord no igualado hasta hoy, anotó 68 goles en 62 partidos como internacional con la selección alemana, fue Bota de Oro, de plata y de bronce. Logró tres Copas de Europa, una Recopa y una UEFA y en el Mundial de México, en 1970, fue el máximo goleador del torneo con 10 tantos. Su carrera llega a su punto máximo entre 1972 cuando logra la Eurocopa junto a Alemania y 1974 al convertir el gol del triunfo en la final de la Copa del Mundo Alemania ’74, nada menos que ante la maravillosa Holanda de Johan Cruyff. 

 

Un logro acorde a la inmensa calidad de Gerhard Müller, aquel molinero gordito que tenía un corazón que no le cabía en el pecho. 

 

 

Por: Raúl Vergara @RaulVB