Moacir Barbosa: Condenado de por vida

 

'GOOOOOOL de Uruguay,' dijo Luiz Mendes, narrando para Radio Globo, de forma automática y con firmeza. Repitió, preguntando en voz alta con incredulidad: ‘¿Gol de  Uruguay?’  Él mismo se respondió: ¡Gol de Uruguay!", Repitió las mismas tres palabras seis veces más, consecutivamente, cada una con entonación completamente diferente y diversos grados de sorpresa, resignación y shock.

 

El estadio Maracaná y sobre 180.000 espectadores fueron silenciados automáticamente y cuando el final llegó diez minutos más tarde, el Uruguay 2-1 Brasil fue conocido para toda la eternidad como el Maracanazo, o ‘el golpe de Maracaná.’ El dramaturgo brasileño Nelson Rodrigues escribió tras esa tarde tragica, ‘en todas partes, todas las naciones sufren su particular e irremediable catástrofe nacional, algo así como Hiroshima. Nuestra catástrofe, nuestro Hiroshima fue la derrota ante Uruguay en el año 1950.'

 

El portero de aquel equipo, Moacir Barbosa, fue acusado (injustamente, a los ojos de muchos, pues él jugaba con diez compañeros en su elenco) por la derrota y por décadas tras la final del mundial fue rechazado por el mundo del fútbol y la sociedad brasileña en general. Cuando trató de visitar el campamento de entrenamiento de Brasil (antes de la Copa del Mundo de 1994 que se celebraba en los EE.UU.) no se le permitió conocer a los jugadores, pues un asistente de Parreira, muy supersticioso, pensó que podría traer mala suerte al plantel. Tampoco se le permitió ser analista de televisión durante uno de los partidos preliminares de la escuadra del mismo año. 

 

En entrevista para un dcumental sobre esa derrota nunca olvidada Barbosa declaró que ‘que el momento más triste de mi vida no fue lo inmediato tras el gol de Gigghia, sino un comentario que escuché en un mercado 20 años después. Una mujer me señaló y le dijo a su hijo…Míralo, hijo Él es el hombre que hizo llorar a todo Brasil.’

 

Después de retirarse del fútbol activo en 1963 (a la edad de 41), trabajó en las dependencias del estadio Maracaná en labores de limpieza y otras menores y luchó para sobrevivir en la vida (perdiendo a su esposa por cáncer de la médula ósea en 1997) hasta que su ex equipo el Vasco da Gama le dio una pensión para que pudiera pagar su alquiler. En el 2000, poco antes de su muerte a los 79 años de edad, Barbosa dijo en una entrevista:

 

‘La pena máxima por un delito en Brasil es de 30 años de prisión, pero he estado pagando por algo de lo que no soy responsable toda mi vida y llevo cumplidos 50 años.’

 

Por: Raúl Vergara @RaulVB

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