Por Juan Arroita

 

El Balón de Oro es ese galardón que tantos debates genera, y que se convierte al final de cada año en el pan y sustento al que se agarran los medios de comunicación. Es muy difícil calibrar quién puede merecer cada año dicho trofeo, máxime cuando se hace tan complicado calibrar cuáles son los verdaderos criterios para la elección del mismo. El Balón de Oro es subjetivo, y eso no podemos olvidarlo nunca. Partiendo de esto, cualquier opinión puede ser aceptable. Siempre y cuando esté fundamentada.

 

En mi opinión, Franck Ribéry debería ganar el Balón de Oro 2013. El francés ha sido el jugador más determinante del mejor equipo del mundo durante este año, se ha mostrado decisivo en algunos de los encuentros más importantes, y ha sabido mantener un excelso nivel desde enero hasta diciembre. Yo se lo daría a Ribéry, si. Pero he de reconocer que tampoco me desagradaría que el galardonado fuera Cristiano Ronaldo. El portugués ha sabido mantener también un gran nivel que incluso ha ido acrecentando con el paso de los meses, culminando con una exhibición en el partido más importante del año de su selección.

 

Los títulos pueden resultar un elemento decisivo a la hora de elegir al ganador final, es una realidad. Se trata de otro de los factores determinantes para la elección, algo, por otra parte, totalmente justificado en mi opinión. Gane quien gane, será un premio justo. Dos jugadores que han dominado a sus rivales a su antojo y que han mostrado gran superioridad durante todo el año. Ante tanto debate estéril, solo queda ponerse ante el televisor y disfrutar de la magia de dos jugadores, que han podido destronar, aunque sea por un año, al mejor jugador de todos los tiempos.

Por Ángel Iturriaga Barco

 

Como preámbulo a cualquier consideración, me gustaría señalar que soy reacio a la entrega de trofeos individuales en un deporte colectivo. Más incluso en el caso del fútbol, un deporte en el que el rol de cada jugador es muy diferente dependiendo de la posición que ocupe sobre el campo. Detesto especialmente las campañas que, de un tiempo a esta parte, se han montado en torno a un título individual subido a los altares por los medios de comunicación, para mayor gloria de multinacionales como Nike o Adidas.

 

Dicho esto, y con la premisa de que estamos hablando de un deporte colectivo, creo justo que el premio lo reciba un jugador del mejor equipo del año natural. No cabe duda de que el Bayern de Múnich se ha mostrado como una escuadra intratable tanto en Alemania como a nivel europeo. Por ello, creo que el premio debería ser entregado a un jugador de este equipo. Desde mi punto de vista, Philipp Lahm y Thomas Müller, por su regularidad, polivalencia y servicio al colectivo, merecerían compartir galardón, por encima de un Ribery genial.

 

También me gustaría hacer mención a otros dos jugadores. En primer lugar a Sergio Busquets, sostén de un Barça muy desmejorado con relación a la etapa de Guardiola. En segundo lugar, a Éric Abidal, ejemplo de deportista y de persona, alguien que gana su Balón de Oro particular cada vez que se enfunda la camiseta del Mónaco o de la selección francesa.

Por Antonio Ruiz Capilla

 

El Balón de Oro perdió el prestigio que atesorase, a raíz del cambio de formato que experimentó dicho trofeo individual en el año 2010. El galardón se sumió entonces en las peligrosas redes del corporativismo. La cuestión raíz es qué criterios son los que preponderan para otorgarlo, entiendo que si es un premio individual no puede anteponerse el baremo colectivo.

 

Así pues, Lionel Messi ha dominado el fútbol mundial en los últimos cuatro años, seguido por un Cristiano Ronaldo, cuyas destacadas actuaciones y registros goleadores de asombro no le bastaban para alcanzar al argentino. Sin embargo, esta añada el orden parece haberse invertido y Cristiano Ronaldo ha tiranizado la segunda mitad de año, encontrándose a la par de Lionel en la primera. El de Madeira, ha silenciado al Camp Nou en Copa, apenas diez meses después de hacerlo en Liga. Lleva marcados 69 goles en el año natural, una cifra que es superior, por ejemplo, a la que Messi y Ribéry atesoran juntos.

 

Ha sido el máximo goleador de la pasada UCL, posición que actualmente repite, hallándose también como pichichi provisional de la LFP y signando una descomunal exhibición de potencia y velocidad que ha llevado a su combinado nacional al Mundial. Ha sido el año de Cristiano y esto merece ser recompensado. En lo concerniente a los entrenadores, parece que nadie duda de que Jupp Heynckes es claro merecedor de esta distinción.

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